El que no arriesga...
El que no arriesga...
Por David Zepeda
De los países del Caribe no tengo tanto conocimiento como me gustaría. Cada vez que visito uno trato de empaparme lo más que puedo, de forma anticipada, de sus características generales, las cuales recuerdo que mi maestra de Estudios Sociales me obligaba a aprender cuando estudiábamos sobre un nuevo territorio: demografía, extensión territorial, gastronomía, entre otras particularidades.
Una vez estando allá nunca termino de sorprenderme; la mezcla de culturas y etnicidades es impresionante, la vida cotidiana muy diferente a lo que estoy acostumbrado y los proyectos de desarrollo, que es a lo que generalmente estoy expuesto, cada vez más ambiciosos.
Cuando trabajo con los equipos encargados de implementar estos programas y proyectos, me doy cuenta muchas veces la incertidumbre que existe en algunas áreas clave de su diseño. Esta incertidumbre no es por inseguridad, falta de capacidades o mucho menos, es porque algunos componentes nunca se han implementado en el país en el pasado y hay muy poco conocimiento sobre ellos.
Esto inmediatamente genera riesgos para el proyecto. La intuición nos dice que el camino más fácil y seguro es eliminar ese riesgo por completo y, en el marco del proyecto, buscar sustituciones para ese componente que alcancen más o menos los mismos resultados. ¡Todo resuelto! Sin embargo, en mi opinión y en contra de mi mejor juicio, permítanme utilizar una frase que se ha vuelto un cliché, del célebre físico Albert Einstein “locura es hacer lo mismo una vez tras otra, y esperar resultados diferentes”.
Como ejemplo ilustrativo, hace poco estuve trabajando con un equipo que, en los próximos cinco años, estará implementando un proyecto fiscal en un país caribeño. Entre mejoras en el sistema tributario, reformas legislativas y tecnologías nuevas, el proyecto incluye un componente de Asociaciones Público Privadas (APPs), las cuales han sido aprovechadas de forma muy limitada en el pasado, en este país. Estas APPs estarán enfocadas en mejorar la inversión pública que, teóricamente aumentará como resultado de este programa.
Trabajando con el equipo cada vez se hacía más evidente el desconocimiento que existía de este mecanismo de inversión; sin embargo, para los integrantes era imprescindible incluirlo y tomar los riesgos inherentes ya que se habían probado otras rutas en el pasado, sin éxito alguno. Las experiencias de APPs en otros lugares y el optimismo por embarcarse en aguas nuevas y turbulentas motivaron a los integrantes a seguir adelante con el plan original y andar por el camino menos transitado.
Esta pequeña anécdota me hizo pensar que los riesgos hay que afrontarlos como son. Claro, de manera calculada y responsable pero siempre sabiendo que el grado de incertidumbre nunca se va a poder reducir a cero. Para ver los resultados de este proyecto y el impacto que tuvieron las APPs, tendremos que esperar más de cinco años, pero el riesgo ya está tomado y con esta decisión el equipo eliminó un obstáculo grande. Podemos pasar nuestras vidas siendo adversos a los riesgos y apostarle a lo seguro, pero tarde o temprano veremos más cerca en nuestro retrovisor a aquellos que salieron de su zona de confort y optaron por la poca certeza.
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